Bliss Island está compuesto por 9 minijuegos en los que se pone a prueba nuestra habilidad controlando el aire que suelta la trompa de Hoshi, un Zwooph (algo parecido a un elefante peludo) que vive alegremente en una isla tropical en la que se han organizado unos torneos para sus habitantes cada viernes.
Técnicamente es un juego de lo más discreto, aunque tampoco la propuesta jugable de Bliss Island necesita demasiados alardes a nivel gráfico. Cada minijuego se desarrolla en un escenario propio, compuesto por un fondo en 2D y una serie de elementos interactivos en 3D. Si bien es cierto que, tal y como decíamos, Bliss Island no es ninguna proeza visual, también es verdad que tanto el diseño como el colorido de éstos compensan la falta de carga poligonal y delirio técnico. Lo mismo pasa en el ámbito sonoro, compuesto por un reparto de pegadizas melodías con claro tono caribeño y un ajustado reparto de efectos sonoros para cada pequeña criatura que puebla la isla de Hoshi.

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